Capitulo
3
-Todo
se debe a un conflicto entre narcotraficantes, nada importante que
pueda poner en peligro a la ciudad. –Todos a mi alrededor
asintieron cuando el capitán los miró intensamente- Os rogaría
que no divulgaseis la voz sobre lo ocurrido. –Tras unos segundos
de tensión, señaló la puerta-. Bien, podéis marcharos.
Mientras
me levantaba cuando todos procuraban salir de allí entre susurros,
el capitán me llamó.
-Raúl,
ven aquí.
-Dime,
capitán. –Se sentó en su silla y me miró preocupado-. ¿Algo
nuevo?
-Raúl,
tú sabes que no te han destinado aquí por puro placer para que te
toques las pelotas a menudo, ¿verdad?
-Claro
señor. Sé que estoy aquí por que el índice de violencia en el
campo de Gibraltar ha subido en estos últimos meses.
-Eres
el inspector de policía que más casos has resuelto en toda España.
Me preocupa tu falta de curiosidad en este asunto.
-¿Perdón?
Disculpe pero no le he entendido.
Se
levantó de su asiento remolón y fue hasta la puerta. Miró a fuera
y la cerró con cuidado. Pasó por delante de mí y pude ver con
claridad la cicatriz de detrás de su oreja. Me ofreció una copa,
pero aunque se me antojaba deliciosa no pude aceptar, pues estaba en
hora de trabajo.
-Precavido.
–Sonrió y dejo ver una dentadura amarillenta-. Crees que estás
aquí por que en el campo de Gibraltar hay conflictos. Imagino que lo
que te ha llevado a dejar tu puesto en Madrid y venir acá habrán
sido los números, ¿me equivoco? –Iba a negarlo pero me cortó-
¡Yo hubiera hecho lo mismo!
-Vine
porque mi trabajo se resume en tres palabras: ayudar, coger y
encerrar. ¿Por qué, entonces usted, cree que no tengo curiosidad
en este asunto? ¿Qué asunto?
-chico,
los de la comisaría no te hubieran dejado escapar si no fuera por el
aviso de alarma que dimos. Presta atención.
Se
dirigió hacia la pizarra. El caso de un desaparecido ocupaba la
mitad de la pizarra. El capitán, con copa en mano, le dio la vuelta
y ante mí se mostraron documentos y fotografías de delincuentes
presidiarios y mapas de la ciudad.
-Todo
esto que tienes delante es información confidencial de la interpol,
muchacho. Si te cuento esto me debes prometer que lo llevarás en
secreto de sumario como profesional que eres.
-Con
deseo, señor.
-Deja
los comentarios para luego. Si cerramos el caso con victoria, los de
la capital me han prometido que podré prejubilarme.
-¿Dejará
su puesto, señor?
-Sí,
y espero que lo sepas cuidar bien. Ahora escucha.
***
Amanda
-¡Cincuenta
y seis llamadas perdidas tienes en el móvil, Fer! ¿Sabés lo
preocupada que he estado todo este tiempo? Podrías mandarme un
mensaje diciéndome que estabas dormido, y no muerto o en el hospital
por un tiroteo.
-¡Joder
tía no me ralles! ¡Te lo advierto, como te comportes como una puta
novia celosa no te doy cable suelto! ¿Entendido?
-¿Qué
dices de cable, imbécil? ¡Celosa no, preocupada! A ver cuando te
das cuenta que en este negocio o vives o mueres. Si no das señales
de vida, me preocupo, joder.
-Está
bien, está bien. Lo capto –Un silencio incómodo se formó tras la
línea- ¿qué haces?
-¿Cómo
que qué hago? Pues voy a mi casa en coche.
-¿Has
acabado con el gilipollas del argentino ese de mierda?
-Sí,
ya está en el infierno junto con sus gnomos de jardín.
-
Cuando me enteré de que se mudó al sur, no dude en darte orden para
matarlo. Espero que le hayas hecho sufrir lo suyo.
-Algo
así, era un buen camello, pero un mete-manos de primera. Además, no
tenía la mercancía para hoy. ¡Ese estaba cogiendo confianza muy
rápidamente!
-¿Has
dejado todo límpio?
-Sí,
las balas se desintegraron así que no podrán saber de qué calibres
eran.
-¿Y
cuánto has pillado?
-Cien
de los grandes. El muy gilipollas me los enseñó antes de todo. Se
cavó su propia tumba.
-Bueno
nena, te dejo que “el navajitas” me espera abajo para pillar
algo.
-Está
bien. No te metas en líos.
-Adiós.
-Te
quie…
Cortó
la llamada antes de que pudiera acabar la frase.
-Si
fuera un poco más romántico el cabrón…
El
lamborghini rugió cuando pisé el acelerador a todo gas. Mi casa ya
se veía a lo lejos y en décimas de segundo recordé momentos de mi
infancia allí.
-¡Mandi,
no eres capaz!
-ya
verás papá. Te voy a marcar el gol más cañero del mundo. ¡Ni
Raúl en sus mejores días! ¡Eh eso no vale, el portero no puede
salir tanto! ¡Papá!
-¿Quién
ha dicho eso? -Se tiró hacia el balón tan fuerte que me arroyó y
caí encima de él. Las risas hacían que me doliera el estómago.
-¡Eres
un tramposo!
-Tramposo
no, Amanda, solo que en la vida hay que tomar ventaja, sino, te
acabarán tomando por tonto. La próxima vez tira desde más lejos,
pero tira más fuerte. Solo así impresionarás al rival.
En
ese momento no sonreía, solo me miraba. El móvil sonó y su
semblante cambió al ver la pantalla. Me miró y se disculpó. Al
rato vino hacia mí y me tocó el hombro.
-Mandi,
me tengo que ir. Sigue practicando y no olvides lo que te he dicho:
desde más lejos, pero más fuerte. Solo así llegarás a sorprender.
Y
tras besarme en la frente, cogió su mochila y salió del jardín y
de la casa.
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