21 ago 2013

Capítulo 3

Capitulo 3
-Todo se debe a un conflicto entre narcotraficantes, nada importante que pueda poner en peligro a la ciudad. –Todos a mi alrededor asintieron cuando el capitán los miró intensamente- Os rogaría que no divulgaseis la voz sobre lo ocurrido. –Tras unos segundos de tensión, señaló la puerta-. Bien, podéis marcharos.
Mientras me levantaba cuando todos procuraban salir de allí entre susurros, el capitán me llamó.
-Raúl, ven aquí.
-Dime, capitán. –Se sentó en su silla y me miró preocupado-. ¿Algo nuevo?
-Raúl, tú sabes que no te han destinado aquí por puro placer para que te toques las pelotas a menudo, ¿verdad?
-Claro señor. Sé que estoy aquí por que el índice de violencia en el campo de Gibraltar ha subido en estos últimos meses.
-Eres el inspector de policía que más casos has resuelto en toda España. Me preocupa tu falta de curiosidad en este asunto.
-¿Perdón? Disculpe pero no le he entendido.
Se levantó de su asiento remolón y fue hasta la puerta. Miró a fuera y la cerró con cuidado. Pasó por delante de mí y pude ver con claridad la cicatriz de detrás de su oreja. Me ofreció una copa, pero aunque se me antojaba deliciosa no pude aceptar, pues estaba en hora de trabajo.
-Precavido. –Sonrió y dejo ver una dentadura amarillenta-. Crees que estás aquí por que en el campo de Gibraltar hay conflictos. Imagino que lo que te ha llevado a dejar tu puesto en Madrid y venir acá habrán sido los números, ¿me equivoco? –Iba a negarlo pero me cortó- ¡Yo hubiera hecho lo mismo!
-Vine porque mi trabajo se resume en tres palabras: ayudar, coger y encerrar. ¿Por qué, entonces usted, cree que no tengo curiosidad en este asunto? ¿Qué asunto?
-chico, los de la comisaría no te hubieran dejado escapar si no fuera por el aviso de alarma que dimos. Presta atención.
Se dirigió hacia la pizarra. El caso de un desaparecido ocupaba la mitad de la pizarra. El capitán, con copa en mano, le dio la vuelta y ante mí se mostraron documentos y fotografías de delincuentes presidiarios y mapas de la ciudad.
-Todo esto que tienes delante es información confidencial de la interpol, muchacho. Si te cuento esto me debes prometer que lo llevarás en secreto de sumario como profesional que eres.
-Con deseo, señor.
-Deja los comentarios para luego. Si cerramos el caso con victoria, los de la capital me han prometido que podré prejubilarme.
-¿Dejará su puesto, señor?
-Sí, y espero que lo sepas cuidar bien. Ahora escucha.


***
Amanda
-¡Cincuenta y seis llamadas perdidas tienes en el móvil, Fer! ¿Sabés lo preocupada que he estado todo este tiempo? Podrías mandarme un mensaje diciéndome que estabas dormido, y no muerto o en el hospital por un tiroteo.
-¡Joder tía no me ralles! ¡Te lo advierto, como te comportes como una puta novia celosa no te doy cable suelto! ¿Entendido?
-¿Qué dices de cable, imbécil? ¡Celosa no, preocupada! A ver cuando te das cuenta que en este negocio o vives o mueres. Si no das señales de vida, me preocupo, joder.
-Está bien, está bien. Lo capto –Un silencio incómodo se formó tras la línea- ¿qué haces?
-¿Cómo que qué hago? Pues voy a mi casa en coche.
-¿Has acabado con el gilipollas del argentino ese de mierda?
-Sí, ya está en el infierno junto con sus gnomos de jardín.
- Cuando me enteré de que se mudó al sur, no dude en darte orden para matarlo. Espero que le hayas hecho sufrir lo suyo.
-Algo así, era un buen camello, pero un mete-manos de primera. Además, no tenía la mercancía para hoy. ¡Ese estaba cogiendo confianza muy rápidamente!
-¿Has dejado todo límpio?
-Sí, las balas se desintegraron así que no podrán saber de qué calibres eran.
-¿Y cuánto has pillado?
-Cien de los grandes. El muy gilipollas me los enseñó antes de todo. Se cavó su propia tumba.
-Bueno nena, te dejo que “el navajitas” me espera abajo para pillar algo.
-Está bien. No te metas en líos.
-Adiós.
-Te quie…
Cortó la llamada antes de que pudiera acabar la frase.
-Si fuera un poco más romántico el cabrón…
El lamborghini rugió cuando pisé el acelerador a todo gas. Mi casa ya se veía a lo lejos y en décimas de segundo recordé momentos de mi infancia allí.
-¡Mandi, no eres capaz!
-ya verás papá. Te voy a marcar el gol más cañero del mundo. ¡Ni Raúl en sus mejores días! ¡Eh eso no vale, el portero no puede salir tanto! ¡Papá!
-¿Quién ha dicho eso? -Se tiró hacia el balón tan fuerte que me arroyó y caí encima de él. Las risas hacían que me doliera el estómago.
-¡Eres un tramposo!
-Tramposo no, Amanda, solo que en la vida hay que tomar ventaja, sino, te acabarán tomando por tonto. La próxima vez tira desde más lejos, pero tira más fuerte. Solo así impresionarás al rival.
En ese momento no sonreía, solo me miraba. El móvil sonó y su semblante cambió al ver la pantalla. Me miró y se disculpó. Al rato vino hacia mí y me tocó el hombro.
-Mandi, me tengo que ir. Sigue practicando y no olvides lo que te he dicho: desde más lejos, pero más fuerte. Solo así llegarás a sorprender.

Y tras besarme en la frente, cogió su mochila y salió del jardín y de la casa.

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