22 dic 2012

Capítulo 2

   Raúl

—¡Señorr, lleva mucho tiempo dentrro! ¿Necesita ayuda?

Los dos nos miramos preocupados y echamos un rápido vistazo al servicio. Estaba lleno de humo. Ella no lo dudó un instante; cogió mi cigarro de la boca y, junto con el suyo, lo tiró por el váter. A continuación, me fue desabrochando los primeros botones de la camisa y se despeinó el pelo. yo estaba desconcertado, no supe qué pretendía. Intenté entender la situación, pero antes de mediar palabra me tapó la boca con su mano izquierda. Me avisó para que callara y esperó a ver la reacción de la azafata. A los segundos otro golpe se escuchó tras la puerta. 

—¿Se encuentrra bien, señorr? —Aún sin ver su cara se le notaba preocupada. La chica me miró dudosa por un instante, pero apartó su mano lentamente de mis labios, rozándolos con la yema de los dedos.

Se me erizó el bello de la nuca y no pude apartar mi vista de sus ojos. Sin esperarlo juntó bruscamente sus labios contra los míos durante varios segundos. Se apartó y sin dirigirme palabra alguna abrió la puerta. Me quedé petrificado un instante, pero salí detrás de ella tambaleándome levemente. Actuó delante de la azafata peinándose el pelo con los dedos. Entendí lo que pretendía, por lo que saludé a la azafata con una sonrisa y me abroché de nuevo los botones con descaro. La seguí hasta que de repente un brazo me detuvo en seco.

—Señorr, usted no puede entrrarr en prrimerra clase. Vuelva a su asiento. —Me dedicó una mirada llena de desprecio y casi empujándome, me dejó a las puertas del infierno.

Dediqué un último vistazo a aquel maravilloso cuerpo de la chica misteriosa, contoneando su figura hacia su asiento. ¿Cómo se llamaría? Se giró y me despidió con un movimiento de manos discreto. Apareció una sonrisa en mis labios casi sin percatarme. La chica desapareció tras unas cortinas negras y me dirigí de nuevo hacia mi asiento, sin opción de no sufrir durante el trayecto restante.




***
   Amanda

Me dirigí a casa pensando todavía en aquel chico de tez blanca, ojos marrones intensos y pelo castaño. En aquel beso instantáneo y en la extraña sensación que en aquel momento surgió en mi interior. Probablemente no volvería a verlo, y no me debería importar, pero retroceder y seguir a aquel chico se me antojaba morboso. Decidí pasar del tema, así que saqué mi iPod y pulsé el botón de canción aleatoria. Empezó a sonar "We Found Love"de Rihanna. Que oportuna...

20 dic 2012

Capítulo 1

Amanda Egea Olmedo. Ese es el nombre que me pusieron mis padres, pero ahora nadie me llama así, soy más conocida como Mandi.

—Mandi, ¿Dónde coño están mis putos pantalones?

—Encima del jarrón —Dije mientras me apoyaba sobre mis codos, hundiéndolos en el colchón—. ¿Dónde vas tan temprano, cariño?

—Qué más da. Asuntos por resolver, gente que matar... —Dijo en un susurro casi inaudible— Te veo luego, esta noche repetimos.

—Esta noche no puedo. Probablemente me vaya unas semanas a visitar a mi familia a la Línea —Vi cómo arrugaba la nariz expresando duda—.Por si no lo recuerdas soy de allí.

—Vale. Me tengo que ir. —Dijo cogiendo sus cosas.

—¡Te echaré de menos! —Grité, pero ya había cerrado la puerta. Dudo mucho que me hubiera escuchado.

Me levanté de la cama perezosa y cogí del armario lo primero que pillé: unos vaqueros y una camiseta ancha. Me calcé unas convers que encontré debajo de la cama y me dirigí a la cocina a por una taza de café. Mientras calentaba la leche saqué de debajo del fregadero 10.000 euros en metálico. Me los guardé en el bolsillo y sin pensarlo me volví hacia la habitación dispuesta a  no perder más tiempo. Metí una parte de la ropa y zapatos en una maleta y la cerré como pude sin sutileza. Volví a la cocina y de un sorbo me tomé el café. Luego desde el móvil, reservé un billete de avión en primera clase y salí dispuesta a zanjar asuntos. 

Bajé al garaje buscando el Porsche Carrera GT que me regaló Fer, y una vez en él suspiré tranquila. Introduje la llave en la ranura y puse destino al aeropuerto.

Tras media hora llegué; por suerte había encontrado el vuelo para ese mañana, aunque solía tener ventajas si sueles coger primera clase. Aparqué el coche en el primer sitio que encontré, apagué el motor y salí del coche con una seguridad que me impresionaba. Tomé la maleta y puse rumbo al interior del aeropuerto.

Me pareció extraño, pero no tuve problemas al pasar por el habitual control de seguridad, inclusive llevando aquellos 10.000 euros, que sinceramente no sé para qué cogí. Me senté a esperar el vuelo, todavía quedaba una larga hora. Durante ese tiempo intenté contactar con Fer, no lo vería hasta dentro de varias semanas, lo echaría de menos, demasiado, pero es que tener que alejarte de la persona a la que amas es duro, aunque sea por un plazo corto de tiempo. Nunca sabes cuándo será la última vez que veas su sonrisa, y es que su sonrisa era especial. No puedes confiarte porque en este negocio hasta lo que piensas que son tus amigos pueden engañarte.

Primer aviso por megafonía; vuelvo 101 a punto de despegar. Le entregué mi billete a la azafata y me subí al avión.




***
   Raúl

Viajar desde Madrid al sur de España es complicado, sobre todo cuando se vuela en clase turista. Demasiado cutre, hasta para un policía de barrio. El olor a humanidad en el aire es insoportable y se hace peor aun cuando el hombre de derecha es una persona con temor a los aviones.

—Te digo yo que nos estrellamos. Tengo ese pálpito, ¿sabe usted? Ese que me entra cuando me duele el juanete. Algo maligno va a suceder hoy. Créame, por Dios.

No pude aguantar más y decidí salir de allí cuanto antes.

—Si me permite, me gustaría ir al servicio.

—¡Qué buena idea! Mejor estar despachado para cuando nos llegue la hora. Después de usted voy yo.

Después de lo que he pasado para poder pasar con mi pistola de policía ahora me engatusan a un trastornado. El primero estaba ocupad, el segundo también, y el tercero estaba estropeado. No tuve más remedio que hablar con la azafata para poder ir al de primera clase. Todo por no estar más tiempo con mi compañero de viaje.

—Lo siento, señorr. No puede pasarr a primerra clase sin perrmiso. Lo único que puede haserr es esperrarr a que estén desocupados los demás —Dijo con acento ruso.

—Pero entiéndame señorita... —Vi su nombre escrito en la placa debajo de la palabra "azafata"—... Nina Petrova —Dije notándose mi mala pronunciación—. Mis ganas de ir al baño me superan.

Me miró de arriba a abajo y enarcó una ceja. Se echó a un lado y me dejó el camino  libre.

—Compórrtese como si nada y no se darrán cuenta.

Le sonreí y le susurré gracias tras pasar la puerta que separaba una clase de otra. En realidad no tenía ganas de ir al baño, pero necesitaba librarme de aquel plasta durante un largo tiempo.

La puerta estaba cerrada, por lo que golpée suavemente con los nudillos. Al no obtener respuesta, giré el pomo y tiré bruscamente hacia mí.

—¡¿Pero qué coño...?! —Dije alzando la voz. Una chica morena de ojos oscuros me miraba con expresión curiosa sentada sobre la taza del váter con un cigarrillo entre los dedos. Le eché unos veintidós o veintitrés años—. Lo siento, te dejo con tu cigarrillo —Me excusé cerrando la puerta.

—No, espera... —Dijo mientras me arrastraba hacia el interior del minúsculo baño—... No quiero que me descubran —alzó su cigarrillo y me sonrió dejando ver unos dientes blancos y deslumbrantes— que bastantes problemas tengo con la poli como para que ahora me detengan nada más bajar del avión.

—¿Y cuándo cojones podré salir de aquí?

—¡Hey, qué mal humor! ¿Un pitillo? —Me ofreció un paquete de cigarrillos y una de esas sonrisas radiantes que misteriosamente tanto me gustaban. Alargué la manos para coger uno y me tendió un mechero junto con el cigarrillo.

—Gracias... ¿Y qué problemas son esos en los que estás metidas? ¿Tanto odias a los polis?

—No deberías preguntar esas cosas a una dama tan bella como yo —Dijo tocándose el pelo— y más en un espacio tan limitado. ¿Qué crees que pasaría si fuera una terrorista?

—Si fueras una terroristas no estarías perdiendo el tiempo metida en un servicio fumando. Intentarías pasar desapercibida como un pasajero común, y no viajando en primera clase.

—Buena deducción... ¿Qués eres, Sherlock Holmes? —Preguntó pícara.

—Algo parecido —Dije dando una calada—. Soy po...

De repente un fuerte golpe sonó tras la puerta