7 oct 2012

Prólogo


Corrí por el polígono sintiendo el aliento de él en la nuca. Sus pasos cada vez se encontraban más cerca. Pensé en cómo diablos podría deshacerme del hijo de puta que me perseguía sin tener a mano mi pistola de la suerte. Los tacones de aguja me dificultaban la carrera, pero no desistí y seguí corriendo. A lo lejos pude ver un portón abierto de una de las fábricas abandonadas y no me lo pensé dos veces en dirigirme hacia allí. Agoté mis últimas fuerzas en intentar abrir la puerta. Pero de repente sentí un golpe frío en mi sien y me flaquearon las piernas.  Me agarró con brusquedad antes de caer al suelo y pude ver como sujetaba el arma con fuerza. Esa pistola que tiempos atrás utilicé en mi favor. Mi pistola de la suerte. 


—¿Qué se siente al ser pisoteada, puta? Esto es lo que les pasa a las zorras como tú. 


No tenía fuerzas, pero conseguí formular las palabras más deseadas en ese momento en un sutil susurro:


—Esto caerá sobre tu conciencia…


—Mi conciencia estará limpia en cuanto te atraviese la bala el corazón  —Se alejó varios pasos hacia atrás y me apuntó al pecho. Escuché cómo la cargaba y cerré los ojos pensando en él.—Dale recuerdos a tu padre…


Disparo. El final llegó.